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Olivo, Aceite, Oliva. Hornachuelos

PRÓLOGO

Olivo, Aceite, Oliva. Hornachuelos

Es un honor que Don Antonio Ortega Serrano, caballero de buenas letras y de gran corazón, me pidiera trazar unas líneas de presentación para este nuevo libro suyo, El Olivo, su origen y nuestro Aceite de Oliva. Hornachuelos, en cuyo título ya aparecen en mayúsculas las cuatro palabras que son la enjundia de esta notable publicación: Olivo, Aceite, Oliva. Hornachuelos, y las cuatro me interesan por sí mismas (más adelante lo comentaré) y por la forma de plantearlas su autor, que las aborda a partir de dos considerables experiencias y evidentes devociones: -1º) haber nacido en la villa de Hornachuelos (“ese Edén se encuentra en la Villa de Hornachuelos”, ha escrito Don Antonio en alguna ocasión),

-y 2º) haber estado -según deduzco al leer este libro- muy en contacto vital con ese otro “Edén” que es el olivo.

Además, decir ‘Hornachuelos’ es, entre otras cosas, decir ‘Olivo’, secular alianza que este libro comprueba nada más comenzar (págs. 7-14). Un libro así, que es estudio y es sentimiento, atrae enseguida al lector y con intensidad le transmite la emoción con que se ha escrito, emoción que procede de sus dos raíces, juntas: la tierra natal y la tierra feraz.

El contenido es un testimonio muy bien cumplido sobre sus propuestos temas, que, tras los preliminares, tiene dos ejes principales: el histórico y el técnico. Su parte histórica recorre, en sucesivos epígrafes, los orígenes del olivo, la iniciación de su cultivo, el olivo entre el Mito y la Leyenda, el legado fenicio, la olivicultura en la época romana: la Bética, tierra de olivos y aceite, las excelencias del aceite en la Bética, el olivo y el aceite en la España árabe, el olivo en la Edad Moderna: expansión y crisis, la gran expansión del siglo XIX, y, a continuación la segunda parte, con una manera ingeniosa para contarnos el autor lo que ocurre en nuestra época: “el proceso más importante que usan los olivareros actuales para conseguir un magnífico aceite de oliva virgen: la recolección manual y tradicional de la aceituna”, manifestando al respecto su sabiduría, su experiencia y recuerdos, sus reflexiones, acumulando una Memoria olivarera, sensata y valiosísima.

Y lleguemos al nombre de Hornachuelos. “Entre Sevilla y Córdoba las investigaciones han encontrado alrededor de 60 hornos en la margen izquierda del río y sólo 14 en la derecha” (p. 37 de este libro). Sí, el topónimo está relacionado con ‘horno’ (latín furnus) y con su próxima voz ‘hornacho’ (latín fornax; Dicc. RAE, 23ª ed.: “Agujero o concavidad que se hace en las montañas o cerros donde se cavan algunos minerales o tierras…”), y ‘hornaza’ (id.: “Horno pequeño que usan los plateros y fundidores de metales”), y su diminutivo ‘hornachuela’ (id.: ‘especie de covacha o choza’, y en su conjunto diseñando un significado relacionado con cavidades o espacios abovedados, fueran excavadas o de obra, para extracción o/y para calentar o cocer (recordemos que fornax se especificaba a veces, según su uso, como fornax balinei, fornax aeraria, fornax calcaría, etc. (horno o caldera de un baño o termas/forja/horno/horno de cal…). Lo interesante es que esta denominación latina, por la misma fuerza de su designación característica aplicada al lugar de Hornachuelos, hasta llegar tal cual a nuestros días, se mantuvo transcrita al árabe durante el período de al-Andalus, y así, en grafía árabe فرنجولش (Furnayūluš o Furnayuwiluš) aparece en la “Descripción geográfica” (Nuzhat al-muštāq) de al-Idrīsī (s. XII), que la menciona con categoría de ‘ciudad’ (madīna) en el camino Sevilla-Córdoba; también da otras pistas sobre la importancia del enclave al citar sus minas de oro y plata, dato muy conocido y comentado.

Si, por mi condición de arabista, este enclave de Hornachuelos documentado en al-Andalus, me interesa, y me interesa también todo lo que representó el olivo en la vida andalusí, hasta tal punto que su más conspicuo producto comestible, el aceite, lleva etimología árabe, como también la tienen significativas palabras relacionadas con su cultivo y producción. Pero no se trata sólo de la historia… sino de lo mucho que, en tantos tiempos y lugares, el olivo significa, y con todo respeto me acerqué a su universo (historia, cultura, economía, literatura, medicina, cosmética, folklore, gastronomía…) cuando formé parte del Comisariado Científico de la Exposición "Tierras del olivo" (Jaén, Úbeda, Baeza y Baena, diciembre 2007- abril 2008). Inolvidable experiencia… el olivo…

Por todo lo que hasta aquí he dicho, este admirable libro de Ortega Serrano no puede resultarme indiferente, y lo encuentro muy estimable, como también me gustan y asimismo recomiendo las otras publicaciones suyas que hasta ahora he leído: La Mezquita paso a paso y los -no menos- entrañablemente humanos Paseos por Sierra Morena.

Este libro de Don Antonio Ortega Serrano ofrece expresivas ilustraciones y apoya sus contenidos en amplias y selectivas lecturas, recogida al final en varias páginas de “bibliografía consultada”. Leyéndolo, he vuelto a pensar que escribir sobre la propia tierra, sus cosas y sus gentes es una de las más nobles tareas del oficio histórico, como él sabe y lo cumple, pues, entre muchas otras dedicaciones culturales, ejerce como Cronista Oficial de la Villa de Hornachuelos.


MARÍA JESÚS VIGUERA MOLINS

Catedrática Universidad Complutense

Correspondiente de la Real Academia de Córdoba


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