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Hornachuelos, mi pueblo

Para Conocer Hornachuelos:

Escudo de Hornachuelos

Tendrían que acompañarme y yo con mucho gusto les iría explicando, cada rincón, cada sitio emblemático, cada calle, cada casa, cada mirador que posee, incluso desde las antiguas murallas que circundaron su entorno y lo hicieron inexpugnable en tiempo de la dominación musulmana, cuando brillaba como el sol de Andalucía el Califato de Córdoba y por supuesto, sus maravillosos platos culinarios en los distintos restaurantes y bares, regentados por expertos restauradores de la cocina tradicional de este pueblo, que tiene el privilegio poseer las mejores carnes, tanto del venado, como del jabalí, y porqué no decirlo, de la caza menor con su diversa variedad de las presas más codiciadas, muy abundantes en la Sierra de Hornachuelos, como: la liebre, el conejo, la perdiz roja, la paloma, la tórtola, etcétera. 

Con este relato o explicación, pretendo dar a conocer Hornachuelos, y creo que puede servir para aborígenes y foráneos, pues estoy seguro, que muchos de los habitantes del pueblo nunca se les ha ocurrido la idea de visitar, conocer y saborear el lugar tan maravilloso en donde nacieron, se criaron haciéndose mayores, se casaron, fundaron sus familias y procrearon. Hoy tienen la oportunidad de hacerlo si me acompañan, y no habría cosa que me agradase más que alguno me dijera:

“Amigo Antonio, te has dejado atrás, esto o aquello otro”

Mi paseo va a comenzar -y les invito a todos a que me acompañen-, mis estimados amigos, a que por un momento cierren los ojos y piensen en el “paraíso”, pues pienso que eso es mi pueblo, y que despues lo comprobarán:

“Para conocer un pueblo y palpar la sensación de amable acogida por parte de sus habitantes y poder comprobar el nivel de afecto hacia quienes los visitan, primero hay que posicionarse en él, pasear por sus calles y plazas, otear desde sus miradores, conocer algo de su historia y sus costumbres y así obtendremos una base para después entenderlos mejor. Por ello, y para disfrutar de un verdadero placer, hay que visitar todos sus rincones y muy especialmente su casco antiguo y recrearse en cualquiera de sus maravillosas vistas desde puntos privilegiados, que no dejan de producir un verdadero y auténtico deleite.

Si al atravesar la barriada de Los Cortijuelos, tomamos la carretera para acometer la pronunciada subida más antigua del pueblo, podemos detenernos para admirar las ya mencionadas Cuevas de las Carretas, repletas de palomas y la famosísima Fuente de Caño de Hierro, sobre las cuales, se cuentan por los autóctonos y más ancianos del lugar numerosas y atractivas historias, y en cuyas cristalinas aguas serranas se puede refrescar el visitante. Una vez que hemos pasado lo que fue Molino de Aceite de don Manuel Santisteban y la Huerta de Caro, accedemos a la Puerta de la Villa -La Puerta de acceso a la fortaleza amurallada en tiempos del califato-. A su derecha ya nos encontramos con su emblemática baranda y su primer mirador excepcional, desde el que podemos contemplar el espléndido panorama que aparece ante los atónitos ojos de la persona que tiene el privilegio de disfrutarlo. Una vez que nos hallamos en la Puerta de Villa, ya podemos comenzar nuestro recorrido.

Subiendo por la calle Doctor Fleming desembocamos en la Plaza de la Constitución, a su izquierda la calle de la Palmera y en la parte norte de la Plaza un emblemático edificio del siglo XIX coronado por la torre del reloj y debajo de éste el escudo heráldico en su versión simplificada y decorativa de la Villa, así como el Ilustrísimo Ayuntamiento o Casas Capitulares. En él se nos ofrece todo tipo de información. Junto a él se encuentra la última morada de la Beata María Victoria Diez y Bustos de Molina (1903-1936), edificio lleno de historia, que perteneció a don Francisco Gamero Cívico, rico hacendado y labrador, que hoy se encuentra restaurado, ofreciéndoselo al visitante como Casa Rural. Circunvalando la plaza las calles Antonio Machado, Molina Fernández, Ramón y Cajal y calle Mayor.

Si tomamos la calle del Castillo, nos encontramos con las calles de Manuel de Falla, Quinta y Plaza de Armas, donde está situada la que fuera fortaleza Andalusí, con su ya derruida Torre del Homenaje. Castillo de origen Califal (siglo VIII o IX). La entrada del recinto amurallado no se encontraba en el castillo, sino en lo que actualmente se denomina Puerta de la Villa, por la que hemos entrado al pueblo.

Existían otros dos postigos: uno en el actual Mirador de la Corraliza (Postigo de los Ángeles) y otro en la Plaza del Mirador (Postigo de Ahechadero). Del Castillo como se ha dicho anteriormente se conserva la Torre del Homenaje, con dos cámaras pequeñas superpuestas, y el patio de armas. Debajo de ésta existe un aljibe rectangular posiblemente reconstruida en el siglo XIV. La Torre que a duras penas se mantiene firme junto a sus murallas embutidas dentro del recinto, desde que fueron levantadas en tiempos almohades. Volviendo por nuestros pasos y subiendo por la calle de la Palmera, y dejando a la derecha la iglesia de Santa María de las Flores, cuya existencia está documentada junto a otra parroquia llamada del Salvador en una carta del papa Clemente VII de 1380. En efecto, en los tiempos que siguieron a la Reconquista se edificó una iglesia de tres naves con arcos apuntados de ladrillo apeando en antiguas columnas de acarreo, una de ellas con un capitel corintio romano, destruido parcialmente al ser retallado. De esta iglesia medieval sólo se conservan dos tramos, ya que tuvo que ser cortada al construirse la nueva parroquia en los comienzos del siglo XVI, de estilo Gótico-Mudéjar con un muy sobresaliente tinte del Renacimiento. En su interior presenta cuatro arcos transversales, apoyados sobre pilares de estilo gótico, con una altura aproximada de diez metros. Nave de cinco tramos con techo de madera y dos aguas apoyada sobre arcos. La cabecera es de mayor anchura, donde destaca un arco carpenal con molduras de gótico final. La portada principal, que está declarada Monumento Histórico Artístico y que pertenece al gótico flamígero, presenta un rosetón de tamaño medio, es una obra atribuida a Hernán Ruiz I, aunque así mismo se ha pensado en su padre, Gonzalo Rodríguez. La vecina Torre fue construida en 1781 y es obra del maestro Juan López Cardera.

Subimos los peldaños que nos separan del Paseo de Blas Infante, paradigma de la naturaleza que relaja al visitante cuando les da por asomarse a su espléndido mirador, desde donde podemos admirar una maravillosa vista de sierra, olivares, chumberas, la desembocadura del arroyo de Remolinos al Río Bembézar, la Presa y la extensa campiña hasta que se nos pierde la visión en la lejanía.

Desde aquí bajamos en busca del barrio de la Corraliza que suponemos debiera haber sido la Medina Andalusí, aunque hoy nos tropezamos con las casas blasonadas que denotan su alta estirpe. Un nuevo mirador, el de la Corraliza, nos invita al descanso y la contemplación de la belleza sin par de la misma Sierra Morena, pero esta vez vista desde otro ángulo. Pasando por la calle Mayor nos detenemos en el número 24 para poder visitar una antigua Posada del siglo XVII perfectamente conservada con sus arcos de medio punto, sus galerías y frescos patios ajardinados, etcétera.
Como desde que fuera reconquistada esta Villa por el rey Fernando III El Santo, allá por el año 1253-1254, ha tenido el honor y el privilegio, por qué no decirlo, de haber acogido en su seno a la mayor parte de los reyes de España y parte de Europa, pasando por los reyes Católicos, -que incluso la rebautizaron con los nombres de Blanca Paloma por parte de Isabel y La Gran ciudad de Anhelo por parte de Fernando, el por qué de estos datos, no se ha podido precisar su significado, aunque se cree que Isabel se enamoró de Hornachuelos antes de llegar a él, por su alba figura, blanco y brillante contraste con el claro azul de cielo- hasta nuestros días y la práctica totalidad de la nobleza española y europea, es por este motivo que se cree, que en esta Posada, seria tal vez, donde se alojaría el rey Felipe II cuando visitó Hornachuelos, en unas jornadas de caza mayor, celebradas en la finca de uno de sus cortesanos más ilustres, aunque el monarca aprovechó su estancia para visitar el Convento de los Ángeles.

Existe el proyecto por parte del Ilustrísimo Ayuntamiento de la Villa, que aquí se ubicará en breve, un museo y la oficina de información y turismo. Si continuamos por la Plaza del Mirador, volvemos a detenernos en otro de los lugares privilegiados para recrear la vista con que cuenta y rodean este incomparable pueblo. Ya camino del punto de partida. Por la Palmera atajamos para alcanzar la calle Antonio Machado a fin de visitar la recóndita y preciosa Ermita del Salvador, en ella podremos admirar interesantes pinturas en su cúpula.

Pero esto no es todo, el resto del pueblo, el que se puede considerar “casco nuevo” tiene la misma belleza y bien organizadas calles que la otra parte. A la derecha y paralelo a la calle de Castillo se ha extendido su urbanización hasta toparse con la umbría del arroyo, que es un cortado casi vertical, lleno de olivos, higueras y chumberas.

También podemos disfrutar de una vista sin precedentes, girando una visita al Paseo Diego Escobar y acercándose hasta la Fuente del Humilladero de Nuestra Señora de los Ángeles, situada donde se ubicó tiempos ha, la Ermita de Nuestra Señora de la Peña.

Por supuesto que también pueden pasear por el Parque de la Erillas, al cual se accede por la entrada más utilizada actualmente, ya que es en esta parte del pueblo donde se encuentra centralizada la actividad comercial.

Por otra parte los que deseen hacer turismo activo, tiene en Hornachuelos una oportunidad de realizar sus más variados deportes, ya que en su Parque Natural podemos encontrar alternativas para todos los gustos, donde los amantes de la naturaleza pueden disfrutar a tope, realizando; Senderismo, Acampada, Caza Mayor y otros deportes como: Campo de Tiro, Pesca, Rutas a Caballo etcétera. Así mismos pueden ser visitados en sus alrededores sitios de interés como los fantásticos jardines y Palacio de Moratalla; San Calixto donde nos encotraremos con el Monasterio de los Basilios del Tardón, la casa-palacio de los Marqueses de Salinas, que por su excelente ubicación fue escogido por los reyes Belgas Balduino y Fabiola, para pasar su luna de miel. De igual forma se puede visitar el convento de las Carmelitas Descalzas, antiguo Monasterio de El Tardón y la iglesia de Nuestra Señora de la Sierra. El Monasterio de Santa María de los Ángeles, fundado por Fray Juan de la Puebla en 1489, en una zona de tradición ermitaña colgada sobre la garganta del río Bembézar. Lugar en el que el Duque de Rivas, situó su drama Don Álvaro y la fuerza del Sino que posteriormente inspiró a Giuseppe Verdi, para escribir su ópera La Forza del Destino, y que jugó un papel muy importante en la evangelización de América. Santa María de Las Escalonias, Monasterio Cisterciense, situado en la finca que fue propiedad de Don José María García Verde, su iglesia construida en 1995, acoge a los caminantes y los monjes además de darle cobijo en sus celdas, les obsequian con productos manipulados por ellos de miel y frutas. También puede el visitante visitar la Ermita de la Virgen de los Arenales o del Carmen. Situada en la finca de Los Arenales que aún acoge a dos ermitaños y que de ella he escrito otro artículo que pueden leer en la revista, dedicada a las Ferias y Fiestas de Hornachuelos, así como el Puente Árabe sobre el río Bembézar.

Y hasta aquí mi paseo por la Villa de Hornachuelos, mi pueblo, espero y deseo que haya sido de su agrado el recorrido, yo le agradezco de corazón su compañía.

Así es que con todos estos atractivos, no dudo, ni dudan mis paisanos, que de ahora en adelante seremos visitados por multitud de personas que deseen disfrutar de un Edén, y ese Edén se encuentra en la Villa de Hornachuelos.

Antonio Ortega Serrano
Cronista Oficial de la Villa de Hornachuelos

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